El martes 9 de mayo de 2000 fue la noche del rock en el Predio Norte del Shopping del Jardín, junto a la terminal de ómnibus. El grupo mexicano Maná dio un poderoso recital para 7.000 espectadores y la música se escuchaba hasta en Villa 9 de Julio. “A los que estaban en la platea, el bombardeo sonoro les hacía temblar la ropa”, dice la crónica de LA GACETA.
Eran la banda de rock latino más exitosa del momento y el público conocía de memoria sus canciones, entre ellas “Déjame entrar”, “Selva negra”, “No ha parado de llover”, “Desapariciones”, “Rayando el sol” y “Vivir sin aire”. Era famosa la anécdota de su grabación del “Unplugged” en EEUU, de cuando el técnico de sonido habló en inglés desde la cabina de control y el cantante Fher Olivera le aclaró que “aquí todos los chavos hablamos mexicano”. En el shopping Fher fue afectuoso y comunicativo. “Buenas noches, chavos y chavas de Tucumán. Viva Latinoamérica democrática. No sabía que Tucumán era tan hermoso”, dijo para romper el hielo. “Es una bellísima región. No dejen que la destruyan. Presionen a sus gobiernos para que se porten bien”. También habló de los derechos humanos “que fueron tan pisoteados aquí, en Argentina, en Chile, en Uruguay; también en México”.
Todo fue fiesta. Gran escenario, pantalla gigante de video, iluminación, mucho humo. El baterista Alex González dio un show aparte, saltando, párandose encima de una tarima y haciendo acrobacias durante 15 minutos. Fher hizo subir a una joven y bailó con ella, para luego levantarla en brazos y devolverla a la platea. En medio de la algarabía voló un corpiño hasta las manos del cantante; este se lo entregó al guitarrista, que lo colgó en la guitarra.
Había policías con perros controlando la entrada. El público se sentó en sillas de plástico en la platea pero todos los asistentes estuvieron parados, para desgracia de la gente petisa, que debió hacer malabares para poder ver un poco.
Recuerdos fotográficos: 1993. Duran Duran sólo sedujo a unos pocos tucumanosLos que se hicieron la fiesta fueron los colados en las afueras del predio, subidos a los árboles y a los semáforos, y desde los techos de autos y camionetas estacionados; también desde una obra en construcción de tres pisos y en las escaleras y balcones de las casas vecinas al shopping. Según el cronista de LA GACETA, fueron unos 4.000 “colados” que la pasaron muy bien.